Astaxantina: el gran secreto del Salmón!

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La propia naturaleza nos ofrece eficaces antioxidantes que podemos hacer nuestros a través de la alimentación y, al llegar a la madurez, incorporarlos a nuestro arsenal Antiaging junto a otros nutrientes y vitaminas en forma de suplementos de alta potencia que nos ayuden a mantener a raya el envejecimiento, pues además del efecto Anti-Radicales libres, algunos de ellos tienen propiedades realmente interesantes.

En el artículo de hoy me gustaría presentaros a nuestra amiga la Astaxantina, ese pigmento naranja-rojizo que confiere su color característico al camarón, langosta, langostinos y otros crustáceos, pero que sobre todo se encuentra muy concentrado en las aletas del salmón, ese heroico pez que nada cuesta arriba para depositar sus huevos en el nacimiento del río.

El salmón es de color salmón porque come microalgas ricas en Astaxantina. Las algas se protegen del sol gracias a ese pigmento!. Es un gran antioxidante, mucho más potente que otros carotenoides y pigmentos, superando con creces las vitaminas C y E. La Astaxantina tiene la capacidad de proteger de la oxidación las neuronas cerebrales, los ojos, la piel y una gran variedad de células de nuestros órganos internos. Posee un poder anti-inflamatorio muy potente que beneficia la salud articular y la salud en general; recordemos que uno de los aceleradores del envejecimiento es precisamente la inflamación interna.

La Astaxantina es además una gran amiga de la piel, a la que aporta elasticidad y protección frente a la radiación UV, y sobre todo una preciosa aliada del corazón, regulando niveles de colesterol y equilibrando la presión sanguínea.

En resumen que para conseguir una mayor potencia antioxidante desde dentro, desde nuestro interior, hemos de comer y poner en nuestra dieta al salmón para que nos aporte a la “reina” de los antioxidantes, la Astaxantina, que es el antioxidante natural más poderoso que conocemos porque:

-Tiene gran poder antiaging

-Aporta elasticidad a la piel

-Poder antiinflamatorio natural

-Ayuda y mejora la vista

-Aumenta la función inmunológica

-Mejora la resistencia física

Legumbres, alimento básico en una dieta saludable!

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Las legumbres (garbanzos, habas, judías cocidas, lentejas, etc..) son un alimento típico de nuestra dieta mediterránea, con un elevado valor nutricional y que se convierten básicos en nuestra nutrición ya que:

-Son fuente de proteínas vegetales.

-Contienen: hidratos de carbono, fibra, minerales (magnesio y hierro), vitaminas del grupo B, vitamina A y ácido fólico.

-No contienen: ni grasa (tan sólo un 1-2%) ni colesterol!

Los garbanzos, además, son conocidos como el antidepresivo natural más potente por su ayuda en la secreción de la serotonina, la hormona de la “felicidad”, que nos produce una sensación de bienestar. La causa de esa sensación es que los garbanzos contienen un aminoácido conocido como triptofano que en buena cantidad le provee al organismo de serotonina, una sustancia muy benefactora, ya que además de todas las propiedades que posee esta legumbre, satisface excelentemente el apetito, colabora con el organismo y ayuda a dormir y descansar mucho mejor.

Por otra parte el garbanzo cultivado contiene mucha más serotonina que el silvestre, y podría actuar de la misma manera que cualquier antidepresivo.

Es por ello que todos los nutricionistas y dietistas, como yo, recomendamos, tanto en invierno como en verano, comer menos 2 veces a la semana. Los podemos incluir en muchas dietas, como las de adelgazamiento, para reducir el colesterol, por estreñimiento o en caso de padecer diabetes; sólo habrá cocinarlos de forma adecuada y no añadir exceso de grasas (trozos de carne, chorizo,..).

Como ya comenté en otro artículo específico sobre alimentos con hierro, para aprovechar bien el hierro que contienen, tenemos que combinar las legumbres con alimentos ricos en vitamina C, como los cítricos (naranja, mandarina, limón, pomelo, ..), el pimiento verde, el tomate o la patata.

Ah! Y como ya debéis saber las legumbres son flatulentas, un buen consejo para evitar la formación de gases es que, a la hora de cocerlos, cuando empiecen a hervir, sacar la cazuela del fuego durante unos minutos o añadir agua fría, así reducimos el máximo los oligosacáridos productores de gas.