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Coco: ¿propiedades beneficiosas o no?

Coco,propiedades positivas y no tan positivas
Coco,propiedades positivas y no tan positivas

El coco es una fruta tropical obtenida del cocotero, la palmera más cultivada a nivel mundial.

Se ha puesto de moda comer coco, utilizar aceite de coco, beber agua de coco, etc,…

pero..¿ que propiedades tiene? ¿Por qué hay una controversia entre defensores y detractores del coco?

La parte positiva de sus propiedades….

Es un alimento tan completo que, según científicos, una persona puede pasar un día entero ingiriendo coco como único alimento,ya que contiene nutrientes básicos.

En muchos lugares del planeta, a la palmera del coco se la conoce como “árbol de la vida”.

En los países tropicales se utiliza debido a sus propiedades bactericidas, antioxidantes, antiparasitarias ,hipoglucemiantes, hepatoprotectoras e inmunoestimulantes.

Los beneficios principales de este fruto están en su semilla,la cual, cuando alcanza su madurez,contiene muchas vitaminas,minerales y oligoelementos.

Nos aporta: calcio,magnesio,fósforo,hierro,sodio,selenio,yodo,zinc,flúor,manganeso y otros elementos como potasio.

Al ser rico en potasio y otros minerales, como el hierro y el calcio, que ayudan a cuidar la salud ósea,es vital para mantener huesos y músculos fuertes.

El potasio es una sustancia importante que regula la forma en que los músculos se contraen al hacer deporte, y la falta de éste, puede provocar serias lesiones.

Se dice del coco que protege las células del corazón y mejora los síntomas de la menopausia y el síndrome premenstrual en mujeres.

A las mujeres que están en período de gestación,les resulta muy beneficioso porque fortalece las defensas de su bebé.

Es por lo tanto muy recomendable para la futura mamá y su bebé,por el hecho que contiene una gran cantidad de nutrientes y proporciona energía.

En un estudio llevado a cabo en 2010 en pacientes de Alzheimer moderado,se produjo una inmediata mejoría en sus funciones cerebrales entre los que ingeriéron coco en la dieta.

Su alto contenido de vitaminas del grupo B, lo hace especial para personas con trastornos nerviosos.

También mejora la función gastrointestinal,ayudando a prevenir el estreñimiento,asimilación deficiente,gases,indigestión y secuelas del alcoholismo.

Es una excelente fuente de manganeso. Él sólito aporta el 60% de la I.D.R (ingesta diaria recomendada).

Se ha demostrado que ayuda a proteger el cuerpo contra el cáncer y la osteoporosis. También beneficia a la piel y el cabello.

El agua de coco contiene azúcar, fibra, proteínas, antioxidantes, vitaminas y minerales.

Por tanto ayuda a rehidratar el cuerpo y restaurarlo después del desgaste producido por el ejercicio físico.

Es por ello que algunos deportistas beben batidos de coco o agua saborizada con coco después de sus prácticas deportivas.

Al poseer un alto contenido de sales minerales, el agua de coco bien podría sustituir a las bebidas deportivas,pues tiene 5 veces más potasio que el Gatorade o el Powerade.

La harina de coco es utilizada para ayudar a controlar los niveles altos de azúcar en sangre, pues se cree es más saludable que otras harinas.

Y la pulpa de coco es extremadamente alta en fibra, algo fundamental en cualquier dieta equilibrada y especialmente importante para el control de la glucosa en sangre en los diabéticos.

Cantidad por 100 gramos: Resumen parte positiva

Hidratos de carbono: 15 g de los cuales Azúcares 6 g

Fibra alimentaria: 9 g

Sodio 20 mg ;

Potasio 356 mg ;

Hierro: 2,4 mg ;

Calcio:14 mg ;

Magnesio. 32 mg

Vitamina C: 3,3 mg  ;

Vitamina B6: 0,1 mg

Y la parte no tan positiva de sus propiedades….

Cuando nos toca hablar sobre el aceite o la grasa de coco el tema ya no resulta tan positivo.

El porqué lo encontramos en que aporta muchas calorías, 354 kcal/100gr.

Además tiene 33g de grasas totales/100gr, es decir, exactamente un 1/3 o tercera parte del coco es grasa.

Además el perfil de esa grasa o su composición, no invita al optimismo, ya que de los 33 gramos 30 (es decir prácticamente todos, un 91%) son de ácidos grasos saturados

Como ya saben los ácidos grasos saturados son la grasa “mala” para el organismo, muy vinculados con el colesterol.

Aunque la nota positiva es que al tratarse de un fruto no tiene colesterol.

Sí, ese alimento al que algunas personas han atribuido hasta virtudes ‘quemagrasas’  (por contener unos trigliceridos de cadena media que podrían favorecer el consumo eficiente de energía) no es bueno para nuestra sangre o salud cardiovascular.

Así que parece que esa buena fama de la gozaba el aceite de coco en el terreno de la healthy food (fama que ya cuestionaban algunos nutricionistas como un servidor) tiene los días contados.

La American Heart Association comparó el nivel de grasas saturadas de este aceite con el de otro tipo de aceites y grasas presentes en nuestra dieta.

Y la conclusión fue clara:

dado que la principal fuente de grasas saturadas proviene de la mantequilla, de la manteca de cerdo, de la grasa bobina, del aceite de palma y, sí, del aceite de coco, es necesario minimizar el consumo de todos estos alimentos.

No ocurrió lo mismo con el aceite de oliva, ni con los aguacates y los frutos secos, cuyos niveles de grasas monoinsaturadas los convierten en alimentos recomendables.

Si bien el aceite de coco no es recomendable para su consumo, si lo es para nuestra piel o cabello.

El aceite de coco es el secreto de belleza de un cabello saludable y de una piel hidratada desde hace décadas, incluso confesado por algunas celebrities.

Muchos champúes lo contienen, pues se sabe que vigoriza el pelo y le otorga brillo.

Y muchas mujeres también lo agregan en gotas a sus cremas o lo utilizan como mascarilla de belleza.

El aceite de coco es uno de los más usados para mantener una piel tersa.

A su vez, se usa para combatir algunos problemas como la psoriasis, los eczemas y las estrías.

El aceite puro lo compra en dietéticas y lo frota sobre la piel dañada varias veces al día.

Cantidad por 100 gramos: Resumen parte negativa

Calorías: 354

Grasas totales: 33 g , de las cuales:

Ácidos grasos saturados: 30 g

Ác. grasos poliinsaturados: 0,4 g

Ác. grasos monoinsaturados: 1,4 g

En resumen, el coco tiene una parte positiva y otra no tan positiva.

Si permiten mi consejo, quédense con el agua de coco, pero no con el aceite o grasa de coco.

Intolerancia al gluten: Celíacos

 

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Intolerancia al gluten, sensibilidad al gluten, celíacos, celiaquía, son palabras y expresiones que cada vez son más comentadas en nuestra sociedad.

Pero vayamos al principio u origen de la problematica: ¿Qué es el gluten?

El  Gluten es una glucoproteína que se encuentra en cereales de consumo tan habitual como el trigo, la cebada, el centeno o la avena y en otros cereales que son de consumo menos frecuente como son la espelta (también llamada trigo salvaje) y el triticale (cereal mezcla de trigo y centeno).

A su vez, el gluten está compuesto por otras dos glucoproteínas: la gliadina y la glutenina.

El gluten es el responsable de la elasticidad de la masa de la harina, lo que permite que, junto con la fermentación, el pan obtenga volumen así como la consistencia elástica y esponjosa de las masas horneadas.

¿Cómo puede afectarnos el gluten?

El gluten es una proteína muy nutritiva y beneficiosa para todas las personas, pero también es algo indigesta.

El motivo no es otro que nuestro cuerpo no dispone de las enzimas necesarias para digerirlo completamente y son precisamente esos pequeños pedazos no digeridos los que pueden provocar problemas intestinales.

Las personas sanas no notan malestar al tomar cualquiera de los cereales que contienen gluten, a lo sumo una pequeña molestia que pasa una vez completado el proceso digestivo.

Sin embargo, en otras personas, esos pequeños trozos de gluten no digeridos pueden producir problemas autoinmunitarios (intolerancia al gluten, enfermedad celíaca), alérgicos (como son la alergia respiratoria, la alimentaria o la de contacto) y de sensibilidad al gluten..

¿Qué es la intolerancia al gluten?

La intolerancia al gluten es una enfermedad autoinmunitaria, caracterizada por una intolerancia permanente y crónica al gluten.

La padecen personas que están predispuestas genéticamente y se caracteriza por una lesión de la mucosa del intestino delgado que provoca una atrofia de las vellosidades intestinales.

Esta atrofia produce una inadecuada absorción de los nutrientes de los alimentos que tomamos (proteínas, grasas, hidratos de carbono, sales minerales y vitaminas), con los consiguientes problemas asociados para la salud.

¿ A quién le puede afectar la intolerancia al gluten?

La prevalencia de la intolerancia al gluten o enfermedad celíaca ha crecido en los últimos años, y curiosamente, pese a que se mantiene la prevalencia de la intolerancia al gluten en la infancia, donde es 5 veces superior a la de la población adulta, ha dejado de ser considerada como un trastorno típicamente infantil.

Las nuevas técnicas de diagnóstico disponibles reflejan que entre un 20-50% de los nuevos diagnósticos en celiaquía o intolerancia al gluten se dan en mayores de 50 años.

La intolerancia al gluten puede aparecer a cualquier edad de la vida, y afecta más a mujeres que a hombres.

Por cada celíaco hay dos celíacas. En este sentido, la mayor incidencia se registra en mujeres entre 30-40 años, aunque el 20% de los pacientes supera los 60 años en el momento del diagnóstico de la intolerancia al gluten.

Los estudios revelan también que la intolerancia al gluten es una enfermedad infradiagnosticada. Un 10% de la población española la padece, y el 9% de estos afectados no lo sabe.

Esto convierte a la intolerancia al gluten en la enfermedad crónica intestinal más frecuente en nuestro país.

Además, su componente genético justifica que pueda haber más de un paciente celíaco dentro de una misma familia.

A pesar de ser la intolerancia al gluten la forma de sensibilidad al gluten más estudiada y mejor conocida, todavía hoy 6 de cada 7 celíacos están sin diagnosticar.

Síntomas de la intolerancia al gluten: diarrea crónica, hinchazón abdominal, estreñimiento, náuseas y vómitos, anemia, debilidad generalizada, erupciones cutáneas, estreñimiento, dolor de cabeza, alteraciones del esmalte dental, raquitismo, fracturas espontáneas …

 ¿Qué es la alergia al gluten?

La alergia al gluten afecta a una proporción muy baja de la población y puede desarrollarse a cualquier edad: desde el lactante hasta el adulto.

Se produce por una respuesta inmunológica de hipersensibilidad inmediata.

Su modo de presentación es muy diverso, desde un simple sarpullido alrededor de la boca hasta un grave cuadro de choque anafiláctico.

A diferencia de otras afecciones relacionadas con el gluten, como la intolerancia al gluten, los síntomas de una alergia al gluten son de inicio brusco, a los pocos minutos de tomar el alimento, pudiendo desencadenar una situación clínica grave de forma rápida.

Síntomas de la alergia al gluten: vómitos, dolor abdominal, diarrea, sangrado digestivo, asma, tos, laringitis, rinitis, conjuntivitis, urticaria, edema o inflamación, dermatitis atópica, reacciones de anafilaxia…

¿Qué es la sensibilidad al gluten?

Es una enfermedad de nuevo diagnóstico que guarda una muy estrecha relación con la intolerancia al gluten o enfermedad celiaca.

Los pacientes con sensibilidad al gluten no pueden ser calificados como intolerantes o alérgicos, sin embargo esta proteína les hace enfermar.

Sus síntomas son muy parecidos a los de la intolerancia al gluten y comparte algunos con la alergia al trigo, por lo que la precisión en el diagnóstico es fundamental.

El mayor problema de la sensibilidad al gluten es que hay muchos pacientes que la padecen pero que no la tienen diagnosticada y sí que padecen todos sus síntomas.

Según se desprendió del XVI Simposio Internacional de la Enfermedad Celíaca celebrado en Oslo en 2011, 1 de cada 17 personas es sensible al gluten, cifra que supone que el 6% de la población tiene esta patología y en muchos casos está sin diagnosticar.

Síntomas de la sensibilidad al gluten: dolor persistente en la zona abdominal, diarreas frecuentes, eccemas o erupciones en la piel, dolor de cabeza, fatiga y confusión, estreñimiento, náuseas y vómitos, anemia, adormecimiento o dolor de las extremidades, hinchazón abdominal.

 ¿Cómo diagnosticar la sensibilidad al gluten?

El diagnóstico es clave a la hora de poder tratar a los pacientes con sensibilidad al gluten, ya que ciñéndose exclusivamente a los síntomas es muy difícil de diferenciar de la intolerancia al gluten o la alergia al gluten, a pesar de que hay un mayor número de manifestaciones que no son digestivas (dolores de las extremidades, adormecimiento de brazos o pies, fatiga).

  1. Estudio genético: a través de un análisis de sangre o muestra de saliva se puede conocer si el sujeto es portador de los genes que se asocian con la enfermedad celíaca o con la sensibilidad al gluten.
  2. Estudio inmunológico: es una prueba fundamental que sirve para saber si el paciente genera anticuerpos que reaccionan contra el gluten y le hacen enfermar. Esta analítica debe incluir los marcadores serológicos propios de la enfermedad celíaca.
  3. Pruebas cutáneas: imprescindible para saber si el paciente presenta una reacción alérgica. Se incluyen inhalantes y alimentos incluyendo harinas, gluten y gliadina. Se realizan en la piel del antebrazo, aplicando una gota de los diversos alérgenos y realizando una pequeña punción con una lanceta. Los resultados se obtienen en un tiempo récord de 15 minutos.
  4. Endoscopia intestinal: esta prueba se realiza para observar el intestino delgado superior y el paciente siempre está sedado para que no sea molesta ni dolorosa. Es en esta zona donde se observa si hay daños o lesiones provocadas por el gluten.
  5. Cápsula endoscópica: muy útil para hacer un estudio completo del intestino delgado y conocer qué parte es la que está más afectada por la enfermedad.
  6. Biopsia intestinal: La biopsia se realiza durante la endoscopia digestiva cuando se detecta tejido lesionado. Es entonces cuando se toma una muestra, que es analizada por un especialista en anatomía patológica. Por tanto el paciente, no tiene que someterse a una nueva prueba y en unos días obtiene los resultados que le confirmarán qué enfermedad tiene.

Tratamiento

En función del trastorno relacionado con el gluten que padezca el individuo, los especialistas indicarán el tipo de tratamiento más conveniente.

En el caso de la alergia y la intolerancia al gluten, la dieta de evitar alimentos con gluten es esencial.

Usar harinas y almidones de maíz o arroz en lugar de procedentes de trigo, cebada, avena, centeno, etc..

En el caso concreto de la sensibilidad al gluten y dado que no se ha identificado un marcador biológico específico de este trastorno, el tratamiento ayudaría a confirmar este diagnóstico y consiste en dietas de eliminación con posterior reintroducción, observándose los cambios clínicos ocurridos en ambos períodos.

Identificación de productos sin gluten

Al estar presente en los principales cereales utilizados en nuestra alimentación, los alimentos que NO contienen gluten (Sin Gluten o Gluten Free) son etiquetados como tal (con el símbolo de una espiga barrada y/o el logo de certificación FACE -Federación de Asociaciones de Celíacos de España- con una espiga de color verde) para evitar problemas en personas que tengan alguna patología relacionada con esta glucoproteína, como pueden ser la intolerancia al gluten o enfermedad celíaca o la sensibilidad al gluten.